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La necesidad que tienen los niños de vivir con su papá y mamá es una característica propia de la condición humana, y no el resultado de una exigencia circunstancial. Desde luego, se trata de una necesidad que es matizada históricamente por procesos culturales, económicos y políticos, pero su naturaleza fundante se observa en ―al menos― 312 investigaciones académicas y oficiales, basadas en encuestas científicas y en datos de tipo censal, y que analizamos en páginas anteriores.

Aunque disponemos de las fuentes de información señaladas, encontramos una corriente de opinión en diversos medios políticos y civiles, o bien académicos, que sostiene la no diferencias en los niveles de bienestar entre los niños que viven con ambos padres (papá y mamá) y los niños que viven con parejas del mismo sexo.

De manera general, podemos decir que dicha opinión no está basada en estudios fundamentados, es decir, no está apoyada por encuestas representativas o datos de tipo censal, asimismo, muchas veces expresa errores notorios de interpretaciones. Por lo anterior, esta opinión tiene un claro sesgo biofóbico, porque rechaza el curso del desarrollo de la vida humana mostrado en una gran cantidad y variedad de publicaciones científicas.

El ejemplo más importante de un sesgo biofóbico es el libro publicado en 2005 por la Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés): Charlotte J. Patterson, Lesbian & gay parenting (Washington: American Psychological Association). En éste se analizan 59 artículos académicos y libros basados en investigación empírica directa, además de otro tipo de documentos. Es la publicación más citada por grupos políticos, académicos y organizaciones civiles en calidad de “prueba” de la no diferencia entre niños criados por su papá y mamá, y los niños criados por parejas del mismo sexo.

El análisis detallado de dicha fuente de información muestra lo siguiente: todos los artículos académicos y libros citados (59 en total) están apoyados en muestras no representativas de la población, pues son muestras de tamaño muy pequeño (50, 70 o un poco más de casos); o bien, son muestras a conveniencia y no aleatorias (obtenidas en círculos del movimiento gay, por Internet sin control estadístico, por recomendación como el método “snowball”, etc.). Por lo anterior, el libro de la Asociación Americana de Psicología no es una fuente confiable ni sólida de datos. Debe descartarse claramente en el campo de la investigación realizada en las ciencias sociales y del comportamiento humano.

Para un análisis detallado de la base de datos de esta publicación: 

Problemas metodológicos de la base de datos de la Asociación Americana de Psicología (APA).

El sesgo biofóbico también lo encontramos en ciertos grupos académicos pertenecientes a universidades de prestigio. Es el caso, por ejemplo, de un grupo de trabajo de la Escuela de Leyes de la Universidad de Columbia, que desarrolla la base de datos What We Know Project (disponible en <http://whatweknow.law.co­lum­­­­bia.edu>). En esta base no hay un solo estudio que, basado en encuestas representativas o en datos de tipo censal, y en análisis no sesgados, apoye la interpretación que venimos cuestionando críticamente: la que señala que, para el bienestar de los niños, es igual o semejante el vivir en un hogar encabezado por una pareja del mismo sexo, que vivir en un hogar con el papá y la mamá. No hay información sólida que apoye tal conclusión.

Para un análisis detallado de esta base de datos:

Problemas metodológicos de la base de datos de la Escuela de Leyes de la Universidad de Columbia