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Al estudiar las consecuencias de las diferentes estructuras de familia en las sociedades democráticas, lo que interesa destacar en esta investigación es el tema de las facilidades o dificultades ocasionadas en la procuración del bienestar de la población. En el presente trabajo entenderemos por bienestar el acceso a una mejor condición de vida humana, de acuerdo con cuatro dimensiones específicas: 

Al estudiar las consecuencias de las diferentes estructuras de familia en las sociedades democráticas, lo que interesa destacar en esta investigación es el tema de las facilidades o dificultades ocasionadas en la procuración del bienestar de la población. En el presente trabajo entenderemos por bienestar el acceso a una mejor condición de vida humana, de acuerdo con cuatro dimensiones específicas: 

1.- Nivel de vida

El bienestar como nivel de vida. Es la métrica de los bienes disponibles, es decir, la cantidad de bienes y servicios que necesitan las personas para satisfacer sus necesidades básicas. Es el enfoque común de los sistemas públicos de información censal de los países, aunque no de manera exclusiva, pues también realizan investigaciones para conocer otras dimensiones del bienestar de la población. Algunos indicadores importantes que se utilizan son los siguientes: acceso a servicios educativos y de salud, tipo de vivienda (tamaño, infraestructura y servicios), equipamiento de los hogares, tamaño de las familias, disposición de alimentos, participación en los mercados de trabajo, e ingresos monetarios y no monetarios. Se trata de un enfoque del bienestar particularmente importante para la atención de los derechos humanos, pues enfatiza el conocimiento de los insumos necesarios para tal fin. Además, se trata de una información bastante objetiva debido a su claridad y precisión. Sin embargo, adolece de una limitación importante: no toma en cuenta las consecuencias del acceso a los bienes y servicios señalados, ni la capacidad de control de las personas y grupos sociales sobre los mismos; por ello necesita ser completado con otros enfoques del bienestar.

2.- Calidad de vida

El bienestar entendido como calidad de vida. Esta dimensión del bienestar sí toma en cuenta las consecuencias de los bienes en las personas, pues le interesa conocer los efectos positivos que tienen de acuerdo con características relevantes como: edad, sexo, tradiciones culturales y creencias, necesidades especiales, y requerimientos propios de los grupos de referencia más importantes, como pueden ser las familias. La calidad de vida también incluye, entre otros aspectos, el vivir en un entorno natural sustentable ecológicamente y en un ambiente de seguridad libre de violencia, además de los vínculos de apoyo y solidaridad que son necesarios para el desarrollo de la propia personalidad y de los grupos de pertenencia. Es decir, contempla el capital social de las comunidades. Corresponde a Suecia el haber sido uno de los primeros países donde se realizó investigación al respecto, en 1969.

El bienestar como nivel de vida y el bienestar como calidad de vida son complementarios, pero claramente distinguibles. El primero, por ejemplo, se pregunta lo siguiente: ¿tienen los individuos y sus familias acceso diario a una canasta básica de alimentos? En cambio, el segundo enfoque del bienestar formula la siguiente interrogante: ¿consumen los individuos y sus familias los distintos tipos de alimento en cantidades y combinaciones adecuadas, de manera tal que garanticen una buena nutrición? Otro ejemplo también puede ser útil. En lo educativo, el bienestar entendido como nivel de vida se pregunta: ¿tiene la población acceso a la educación básica? ¿Cuántos años son el promedio de estudio en los distintos países? ¿Son suficientes las escuelas para la población y cuentan con la infraestructura necesaria? En cambio, el bienestar entendido como calidad de vida indaga si los distintos niveles educativos están organizados de manera tal que facilitan en los alumnos la adquisición de competencias mejores y crecientes en matemáticas, lecto-escritura y otras disciplinas. También se interroga si las actividades de los docentes influyen en la configuración de la personalidad de los alumnos y cómo puede mejorarse dicha relación. Cuando se trata el tema de los hogares, el enfoque de los niveles de vida cuestiona: ¿cuál es la densidad de ocupación en las viviendas?, ¿cuántas recámaras hay?, ¿cuáles son los servicios disponibles en las vividas?, y otras preguntas semejantes. En cambio, la perspectiva de la calidad de vida inquiere sobre la dinámica de las relaciones de cooperación o de conflicto dentro de las familias.

3.- Bienestar subjetivo

El bienestar considerado de manera subjetiva, es decir, como satisfacción. De acuerdo con Ed Dinner, tiene tres componentes que pueden ejemplificarse de la siguiente manera: evaluación afectiva, relacionada con el gusto o disgusto ocasionado por las situaciones que se viven; evaluación normativa, cuando se hacen juicios de valor de acuerdo con lo que se considera justo o injusto, bueno o malo; y evaluación cognitiva, donde se toman en cuenta criterios como la eficiencia, la eficacia y la adecuación técnica de los medios respecto de los fines. No se trata de asuntos secundarios del bienestar, pues las evaluaciones positivas son relevantes para aprobar las condiciones de vida que se tienen y a las instituciones sociales en las cuales se participa (problema de la legitimidad). En contraparte, cuando las evaluaciones resultan negativas, constituyen un factor coadyuvante en la configuración de voluntades interesadas en mejorar lo que se vive; incluso, en transformar a las instituciones, como puede ser la función de los movimientos sociales.

4.- Participación activa

El bienestar como participación activa. Esta dimensión del bienestar tiene que ver con el enfoque desarrollado por Amartya Sen en su famosa conferencia de 1979 dictada en la Universidad de Stanford: “¿Igualdad para qué?”, y elaborado de manera más amplia en trabajos posteriores. Consiste en una perspectiva del bienestar centrada en el análisis de las capacidades básicas, es decir, en “la habilidad de una persona para hacer actos valiosos, o alcanzar estados para ser valiosos”. Estas habilidades o funcionamientos valiosos resultan muy diversos; algunos son elementales, y otros, bastante más complejos. En nuestra opinión, la mayor parte de ellos coincide con la idea del bienestar entendido como calidad de vida; por ejemplo, cuando Sen señala “estar nutrido adecuadamente, tener buena salud, etc.”, y “tener buena vivienda”. Sin embargo, lo interesante de la perspectiva surge cuando menciona un tipo específico de funcionamiento valioso: la capacidad de las personas de hacerse cargo de su propia historia tanto en el nivel individual (“La libertad de llevar diferentes tipos de vida”), como en el social (la capacidad de participar activamente en la “vida de la comunidad”).

Definición general

¿Pueden sintetizarse en unas pocas líneas la relación que guardan entre sí las cuatro dimensiones del bienestar mencionadas con anterioridad? En nuestra perspectiva, todas tienen en común algo fundamental: se refieren a distintas facetas del ejercicio y respeto a los derechos humanos, según lo definido por la Declaración de 1948 de las Naciones Unidas. Por lo tanto, son complementarias unas a otras. Recordando el pensamiento de Louis Joseph Lebret, diremos que las distintas dimensiones del bienestar se organizan en una escala del desarrollo humano que aspira a “ser más” y no se reduce al “tener más”; que busca transitar de “condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida más humanas”,  donde el punto inicial es el acceso a una cantidad básica y suficiente tanto de bienes como de servicios de calidad, y el punto de llegada es la adquisición de capacidades para participar activamente en la construcción de la propia historia personal y social, incluyendo la familia a la cual se pertenece, así como las comunidades donde se inserta la vida diaria y el bien general de la sociedad donde uno se encuentra.